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Ciertos rasgos en la voz pueden revelar si has tenido mucho sexo (o si lo tendrás), según investigadores

Ciencia

Por: pijamasurf - 12/05/2017

El tono de voz de una persona es un universo de información sexual

Un estudio seminal en el campo, publicado en la revista Evolutionary Psychology, mostró que la voz es rica en información y revela a un escucha todo tipo de información sobre la persona, alguna muy sutil. Participantes de estudios, escuchando la voz de una persona, no sólo pudieron inferir si una persona es alta, vieja, atractiva y demás sino también las tendencias, en el caso de los hombres, a ser infieles. Esto fundamentalmente, ya que existe una correlación entre niveles altos de testosterona, una voz grave y la infidelidad en el caso de hombres.

En el estudio, las mujeres atribuyeron acertadamente mayor riesgo de infidelidad a hombres con voces graves -asociadas con alta virilidad-. Los hombres no fueron tan acertados como las mujeres, las cuales tienen asociada una mayor cantidad de parejas sexuales, a diferencia de los hombres, cuando tienen voces agudas. Las mujeres de voces agudas suelen tener también mayores parejas sexuales, reproducirse más y ser más infieles -en su caso el tono de voz está relacionado con niveles de estrógeno-. 

Los investigadores consideran que, para las mujeres, detectar el riesgo de infidelidad de una pareja podría tener una ventaja adpatativa. Otros estudios han asociado el tono de voz con un mayor número de parejas, donde los hombres con tonos más graves suelen ser percibidos como más atractivos, tener más parejas sexuales, tener sexo a edad más temprana y tener mayor éxito reproductivo. Notablemente, se encontró también que el tono de voz grave, considerado atractivo en los hombres, está asociado con una mayor simetría facial, lo cual a su vez, se ha correlacionado antes con un mejor sistema inmune. Por la voz también se revelan señales de la salud de una persona, y las personas que son percibidas como enfermas, son consideradas como muy poco atractivas. Por si esto fuera poco, las mujeres reportan tener más orgasmos con hombres simétricos.

Otros estudio notó que, cuando un hombre se siente atraído a una mujer, se producen ciertos cambios en su voz, notablemente se vuelve de un tono más grave y se produce un mayor rango de modulación (similar a cuando una persona habla con un niño o un bebé). Estos cambios en las voz, a su vez, son evaluados como más atractivos por las mujeres. Los investigadores creen que este cambio hacia una voz más grave no sólo señala atracción, sino que también comunica una cierta agresión, la cual es considerada generalmente también atractiva, ya que es una señal de poder -el sexo en un sentido biológico es una constante competencia-. 

Aunque existen obviamente excepciones, el tono de voz es un indicador de lo atractivo que es una persona y si ésta ha tenido o tendrá muchas parejas sexuales. De alguna manera la naturaleza brota y se desnuda en la voz. Cosas que no podríamos saber conscientemente observando a alguien son reveladas por la voz.

¿Por qué la comida parece saber mejor cuando peor nos sentimos emocionalmente?

Ciencia

Por: pijamasurf - 12/05/2017

Estas son algunas de las razones científicas y psicológicas de esa peculiar relación entre la comida y nuestras emociones

La cercanía de la relación entre la comida y las emociones es un fenómeno que sin duda muchos de nosotros intuimos por mera experiencia. En muchos estados emocionales, la comida se presenta como un acompañante más o menos natural: cuando celebramos algo, por ejemplo, pero también cuando nos sentimos tristes e incluso cuando nos sentimos presionados o ansiosos ante determinada situación.

Las razones que explican este vínculo son diversas. Por un lado, la historia de vida de una persona suele ser uno de los principales factores que desencadenan nuestro impulso por encontrar una especie de “refugio” al comer. Personal y socialmente, la comida tiene para el ser humano también ese significado cultural añadido en el que se encuentran asociadas sensaciones como la calma, la comodidad, la seguridad o el consuelo. 

En ese sentido, es sumamente lógico que sobre todo en situaciones de decaimiento emocional –tristeza, sensación de abandono, decepción, sensación de fracaso, etc.– busquemos comidas que nos reconforten, usualmente de alto contenido calórico o servidas a altas temperaturas (sopas, pizzas, postres, por poner algunos ejemplos).

Ese mismo efecto, sin embargo, también tiene una raíz neuroquímica. Como han demostrado varias investigaciones al respecto, comer algo que nos gusta detona una dosis de sustancias en el sistema endocrino que a su vez significa una reacción de placer en el llamado “centro de recompensa” de nuestro cerebro, en donde se combinan zonas que procesan tanto nuestras emociones como nuestras reacciones corporales ante un estímulo exterior, a lo cual puede sumarse además el efecto puntual de ciertos alimentos, como el chocolate, que poseen una composición química que refuerza dicha sensación de satisfacción.

Dicho de manera muy obvia, comer bien nos hace sentir bien, y en cierta forma por eso acudir a la comida en medio de una crisis emocional puede mirarse también como un comportamiento adictivo, pues de alguna manera se intenta paliar el dolor de una emoción negativa con los efectos positivos de una sustancia externa.

En el caso del estrés, la relación entre éste y la comida es un tanto menos sencilla de explicar y, hasta ahora, las investigaciones sobre el tema no han podido coincidir en una sola respuesta.

Si tú eres de las personas que en una situación de preocupación y tensión sienten, de pronto, un hambre incontenible, un deseo impostergable de comer (de preferencia, también, alimentos de alto contenido calórico), una de las respuestas más probables es que esto se deba a las hormonas que liberan las glándulas suprarrenales como reacción al estrés, entre éstas la adrenalina, que entre los muchos efectos que provoca en nuestro cuerpo (aumento del ritmo cardíaco, dilatación de la pupila, etc.), también nos hace sentir hambre. 

Si bien la adrenalina es un recurso que evolutivamente desarrolló nuestra especie (y otras) como respuesta al peligro, en el caso del ser humano sus efectos persistieron aun cuando la naturaleza de dichos “peligros” es completamente distinta.

Una de las hipótesis más novedosas e interesantes sobre la relación entre el estrés y el deseo de comer es la que ha desarrollado en los últimos años Brian Wasnik, actual director del Laboratorio “Food and Brand” de la Universidad de Cornell. Según Wasnik, existe una alta probabilidad de que nuestra búsqueda de comida en momentos de estrés no se deba al hambre o a la necesidad de satisfacción, sino a algo un tanto menos fisiológico: el impulso de distraernos.

En varios experimentos, Wasnik ha observado que en un contexto de tensión emocional las personas, en efecto, buscan comer, pero pueden llegar a comer lo que sea que tengan al alcance, y si se buscan opciones saladas, grasosas o dulces, es sólo por el componente emocional o cultural que suele estar asociado a dichos tipos de alimentos. Ahora bien, al menos según las investigaciones de este científico, en el caso del estrés parece ser que la comida no se busca tanto por el deseo de ser reconfortados sino, más bien, como un escape destructivo frente a aquello que nos perturba.

De las observaciones de Wasnik se puede derivar también el consejo de que en una situación de estrés quizá, antes que ordenar una pizza o hurgar por enésima ocasión en una bolsa de frituras, probemos opciones de comida un tanto más saludable (vegetales crudos, nueces, fruta, etc.) y quizá incluso, si el único objetivo es distraernos, intentar no comer; saltar la cuerda durante 15 minutos, estirarse o salir a caminar puede tener el mismo efecto. Y también, como hemos sugerido en otros textos de Pijama Surf, no ceder a la seducción de la distracción y el placer instantáneo, sino encarar eso que nos estresa para poder superarlo y aprender la lección que conlleva el reto.

Sea como fuere, la comida tiene para el ser humano una de las relaciones más complejas de todas las que hemos desarrollado a lo largo de nuestra historia con el mundo que nos rodea. Comemos para sobrevivir, pero no solamente. Y en ese "no solamente" caben estos matices de los que hemos hablados y muchos otros.

 

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