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Re-interpretando la concepción y experiencia del tiempo

Todo arquetipo contiene en sí una múltiple gama de ilimitadas posibles expresiones de una cualidad, lo que es limitado a la interpretación colectiva respecto a las fuerzas naturales que son los arquetipos y no el arquetipo como cualidad energética.

Existe una interacción entre el campo de posibilidades del arquetipo y aquello que se manifiesta en la experiencia material. Saturno, simbólicamente, es el guardián del Portal a través de la cual la dimensión arquetípica y la dimensión personal se conectan. La dimensión arquetípica es el inconsciente colectivo, es la atmósfera del sistema psíquico, así como la atmósfera biológica del planeta contiene elementos esenciales para que nuestros cuerpos físicos subsistan, y ambas son invisibles a los ojos. Apoyándonos en los símbolos de la Física Cuántica, esta dimensión representa el aspecto ondular/energético de la materia y se organiza en patrones.

La dimensión personal es toda aquella experiencia contenida dentro de lo que percibimos como “mi vida”, tanto lo que sentimos internamente -emociones, pensamientos, juicios, deseos-, como aquello que nos sucede en el mundo externo. Esta dimensión se correlaciona con el símbolo del aspecto particular de la materia, el aglomerado energético que nos da la sensación de solidez y fijeza.

Por otro lado, estas dos dimensiones conciben la experiencia del tiempo de acuerdo a la dinámica de su estructura, es decir, la dimensión ondular arquetípica percibe el tiempo en ciclos y ritmos (ondas). La lógica del tiempo de la dimensión ondular es mandálica.

En cambio, la dimensión personal percibe el tiempo particularmente, como sucesos que se suceden linealmente y permanecen desconectados entre sí. La lógica del tiempo lineal se basa en el “movimiento hacia”, el viaje de la búsqueda del placer y la felicidad.

Según Freud, el funcionamiento mental está regido por dos principios: el principio del placer y el principio de realidad.

El principio de realidad es una cualidad del arquetipo representado en Saturno.

Esta noción llamada “principio de realidad” o “saturno”, desde la perspectiva de la lógica del tiempo lineal de la dimensión personal, suele ser vivida como obstáculo, aquello que se contrapone y conspira contra la realidad del deseo que busca el placer personal, la felicidad como meta. Todos nosotros seguramente hemos experimentado alguna vez el dolor que se siente cuando un deseo que busca el placer se ve frustrado por “culpa de la realidad”. Saturno, desde esta perspectiva, es, entonces, la representación del aspecto oscuro y problemático de la existencia. De hecho, por mucho tiempo esta fuerza saturnina fue percibida como maléfica.  Esta interpretación de la realidad, es configurada por una autoridad superior (y externa), que atenta contra la realización de nuestros deseos personales, deriva en que Saturno sea usualmente interpretado como el responsable de nuestro sufrimiento, se lo asocia a la contracción, a los miedos y a la muerte.

La dimensión personal y su lógica del tiempo lineal, es el tiempo de nuestros relojes y fechas, un tiempo civil; en el cual la experiencia de Ser es condicionada entre dos puntos del espacio: quien creo que (imagen construida a partir de sucesos del pasado) y quien quiero ser idealmente (imagen que se proyectó hacia el futuro).

El tiempo natural de los ciclos lo observamos fácilmente en las estaciones, en el día y la noche.

 

Hacia una experiencia femenina del tiempo

Luchamos contra las autoridades, contra las jerarquías, queremos derribarlas, buscamos soluciones feministas al patriarcado, queremos que el rebelde se convierta en la nueva autoridad, que la mujer se convierta en la nueva autoridad, sin darnos cuenta que es el mismo juego. Quizás reflexionando sobre las multidimensionalidad del arquetipo, nos inspire nuevas formas de encarnar esta fuerza representada en Saturno y su función creativa. Para ello propongo una mirada arquetípicamente femenina de saturno y el tiempo.

La imagen simbólica de Saturno más instalada en nosotros es la del anciano. Es decir, una percepción masculina de la autoridad, otro atributo saturnino.

“La principal imagen de Dios en nuestra cultura: omnisciente, omnipotente, eterno, sentado y barbudo, un gobernante a través de principios abstractos de justicia, moralidad y orden, una fe en las palabras que aún no ha dado una autoexplicación en su discurso, benevolente pero furioso cuando su voluntad es contrariada, apartado de lo femenino (sin espasa) y el aspecto sexual de la creación… esta imagen describe un dios senex, un dios imaginado a través del arquetipo del senex. El gran Dios de nuestra cultura es un dios senex, somos creados a partir de esta imagen con una consciente reflejando esta estructura” James Hillman.

Si nuestra percepción de Dios como autoridad que rige la construcción moral, siento Saturno el guardia del portal entre dimensiones, entonces la moralidad es también un puente hacia la transcendencia de la dimensión personal.

El tiempo arquetípicamente masculino es el tiempo del patriarcado, de las jerarquías, de la autoridad, de dios como anciano sabio. Se basa en cantidades, fechas, horarios; es decir, es una percepción cuantitativa del tiempo.

El aspecto femenino de Saturno es la percepción cualitativa del tiempo. Es decir, la vivencia de que cada instante de la existencia contiene un espectro de cualidades, así como una planta percibe la cualidad de brotar, la cualidad de contener, la cualidad florecer, la cualidad de morir. Y cada uno de estas cualidades forman un proceso completo e integral. El tiempo femenino es el tiempo de los ciclos, las ondas, los mandalas. 

En la percepción holística del tiempo cíclico, los atributos de sufrimiento, opresión, miedo y muerte propios de la interpretación actual de Saturno, tiene la posibilidad de un nuevo significado. Resignificar nuestra experiencia del sufrimiento se vuelve esencial en una dimensión que persigue el placer, como idea de retorno al paraíso perdido.

El aspecto femenino recibe al tiempo, concibe su cualidad y la ejerce en el mundo. Tiene la capacidad de crear, que la inteligencia del tiempo se manifieste en el mundo de las formas. El tiempo nos gobierna, no podemos evadir la vejez, la muerte, la finitud de nuestros cuerpos; por lo cual, cómo pensamos y encarnamos el tiempo es esencial para el despliegue de una nueva consciencia de la experiencia humana en la tierra integralmente. En la experiencia femenina del tiempo cíclico, la contracción, la frustración, la muerte son partes necesarias del proceso. Sólo que, si nuestro principal propósito es alcanzar la felicidad y el placer, como lo es para la dimensión personal, la frustración y la contracción no van a tener propósito alguno; por lo cual, al carecer de sentido, deben evitarse a toda costa. Si, además, para alcanzar la placentera inmortalidad, debemos “portarnos bien para que Papa Noel nos traiga regalos”. La frustración es un tipo de muerte ya que muere la realización de nuestro deseo personal, que es aquello que nos da sentido. Para re-interpretar su función y significado se vuelve necesario ampliar la mirada a los procesos en cual eso sin sentido ocurre, ampliando la mirada al ciclo en cual esa experiencia sucede, nos da el contexto desde el cual re-interpretar su función y significado. Desde esta perspectiva, el significado es la función sagrada de la experiencia, su aspecto sutil, inmaterial.

Cuando observamos los procesos naturales, como el ejemplo del crecimiento de una planta, vemos que en los ciclos, en las distintas fases del tiempo y los procesos naturales, existe una inteligencia implícita, aunque muchas veces no la comprendamos intelectualmente. La manera en que las plantas y los animales se mueven, son guiados por un electromagnetismo terrestre. Cuando hablamos de electromagnetismo estamos hablando de ondas, ciclos, frecuentes, ritmos.  El espectro electromagnético es lo que posibilita tener la experiencia del mundo material tal cual la concebimos actualmente. Sin embargo, no solemos correlacionar el espectro electromagnético a la experiencia psíquica, y la percepción psicológica de diferentes planos temporales. Es decir, la emoción, la sensación, el pensamiento, desde la perspectiva del electromagnetismo, operan como diferentes planos temporales integrados; y los planos de experiencia más veloces como son la intuición y la inspiración, darse cuenta espontáneo.

En los procesos naturales, la muerte es necesaria para la continuidad de la vida.

“La vida, en su esencia misma y carácter, es un terrible misterio: todo este asunto de vivir matando y comiendo. Pero es una actitud infantil decirle no a la vida con todo su dolor, decir que es algo que no debería estar pasando.”  Joseph Campbell

 

Saturno, Dios del Dharma

Es muy profundo el cuestionamiento que debemos hacernos respecto a cómo encarnamos esta fuerza representada a través del arquetipo de Saturno, cómo esta fuerza opera en el mundo y si podemos hacer algo al respecto. Cuán necesario es ahondar en las estructuras psíquicas, en los símbolos invisibles (y por lo tanto incuestionables) que dan forma a nuestras conductas, a nuestras creencias y acción en el mundo. Cuestionar las estructuras invisibles que fundamentan el mundo visible, es decir, descubrir las estructuras inconscientes que fundamentan nuestras conductas cotidianas.

Lo cual nos puede llevar directamente a una pregunta existencial de todos los tiempos, “¿qué soy? ¿qué es la realidad?”, si tu sistema tiene una alta carga neptuniana quizás se pregunte “¿cuál de todas estas es la realidad?”, y allí se confunda.

La diferencia entre la experiencia cuantitativa, masculina del tiempo, en la cual nos vemos obligados a cumplir con pautas preestablecidas; y la experiencia cualitativa, femenina del tiempo, que nos sensibiliza al orden inteligente de la naturaleza.

La encarnación del tiempo cíclico nos reconecta con nuestro ser natural y orgánico. Con las cualidades innatas del Ser y su despliegue rítmico. Sensibilizarnos al orden inteligente del tiempo nos conecta con la dimensión llamada espiritual, la dimensión metafísica de los arquetipos y las fuerzas naturales, nos vuelve vehículos de una voluntad misteriosa, de un Dios que no es alguien viejo y barbudo, benevolente y tirano, que se encuentra por fuera del mundo, sino que el tiempo se vuelve un orden sagrado en cual lo trascendente sucede en el aquí y ahora, en los fenómenos cotidianos, en la relación con el vecino.

Volvernos vehículos del tiempo como orden creativo, como fuerza de múltiples cualidades, nos reconecta con la naturaleza, con la esencia que mantiene la unión y el balance de la existencia.

Saturno como Guardián del Portal es la capacidad que yace en todos de volvernos responsables respecto a las necesidades cualitativas de un tiempo único y múltiple a la vez. Volvernos responsables respecto a la naturaleza innata del Ser y el Tiempo, a diferencia de cumplir con los deseos civiles de llegar a la meta de la felicidad en cual todo sufrimiento es erradicado. Existe una brecha dimensional entre ser responsables y ser cumplidores. Es decir, Saturno como función de límite, de estructura, de sostén existe a priori de la percepción psicológica de autoridad. La moralidad como puerta hacia la trascendencia nos ubica en el camino sin camino que se encuentra más allá de la experiencia de los opuestos, de lo que es correcto e incorrecto.

Encarnar la fuerza de Saturno a favor de nuestros deseos personales en busca de placer o a favor de la cualidad inteligente del tiempo en nosotros, es lo que hace que Saturno sea el Señor del Karma o el Señor del Dharma. Saturno es un destilador de los deseos personales que no contribuyen con el despliegue profundo de nuestro ser, y enterarnos de esto, duele, frustra, contrae. Saturno destila con la intención de esencializar, de encontrar el elixir, el perfume. Va desde lo concreto a la esencia de aquello concreto, la ley que hace que eso concreto sea eso y no otra cosa. Estas leyes esenciales, a nivel de la experiencia humana, se encuentran en el misterioso mundo de lo inconsciente.

La personalidad, dentro del contexto de la dimensión personal, dispone de toda su energía en pos de desarrollarse creando un status quo, que es la imagen de si-mismo que continuamente está intentando satisfacer y alcanzar. Cuando la personalidad se vuelve consciente de que la autoconciencia desde la cual se proyecto es solo parte de un momento de un ciclo mayor, puede gatillar una transformación radical acerca del propósito de la existencia. Mientras que la tendencia de la persecución del deseo personal es la conquista del espacio, la concepción femenina del arquetipo de Saturno propone una nueva manera de habitar el tiempo y, por lo tanto, una redefinición de nuestro propósito y función como ser individual en la corriente de la vida y en nuestra comunidad.

El tiempo contiene una multiplicidad de cualidades. Es decir, este preciso momento contiene infinitas posibilidades de ser vivido. En la habilidad de permanecer relajados en el presente reside el secreto del Propósito, ya que solo en  este momento que podemos volvernos sensibles a la cualidad que el tiempo, como orden inteligente, necesita expresar a través de este instante.

Podemos decir que el tiempo lineal se expresa horizontalmente, mientras que el tiempo cíclico nos posibilita sincronizarnos con la simultaneidad, que es un movimiento vertical.      

La Astrología, a través de sus símbolos, representa el proceso cíclico de despliegue de nuestra naturaleza innata; el aspecto sutil, ondular, energético de nuestro cuerpo que es el alma. Si pensamos desde el mapa astrológico que cada planeta se encuentra en su momento particular dentro de su propia órbita cíclica, y que cada momento particular de los planetas conforman un sistema de orden perfecto, esta imagen nos puede facilitar la concepción del tiempo simultáneo, en cual diferentes cualidades y diferentes momentos de despliegue de esa cualidad suceden simultáneamente en un tiempo único que es ahora.

Si a esto le sumamos que cada cualidad arquetípica contiene dentro de sí la historia de cómo la humanidad ha interpretado esa cualidad energética por siglos y siglos. Bueno, pareciera que este momento y cada momento de la vida cotidiana encierra un misterio y una fuerza de dimensiones universales que no se aplican a las concepciones del tiempo lineal en cual nuestra energía está condicionada a cumplir las metas de una autoridad que ya ni sabemos a quien cumplimos, una autoridad mitológica que habla a través nuestro.

Desde la perspectiva del tiempo simultáneo, las fallas, frustraciones, juicios, las separaciones, las muertes de un plan, de una idea, de una relación, toda muerte simbólica, tiene la función de purificarnos, de destilar aquello que no acompaña nuestra maduración real. Cuando más nos entregamos a estas muertes, más nos sensibilizamos a los ciclos y nos volvemos receptivos a los propósitos profundos de nuestra experiencia. De esta manera Saturno ya no solamente la experiencia de una autoridad castradura del placer, sino que es la fuerza que nos ayuda a aceptarnos tal cual somos como seres multidimensionales y cíclicos. Aceptar el milagro de la vida tal cual es, y no como quisiera que sea para que mi deseo personal se cumpla, es una puerta de iniciación al Dharma. No en vano, en la Teosofía se interpreta a Saturno como un planeta de iniciación al camino del discipulado.

Profundizar en quienes somos es profundizar en la cualidad del tiempo que estoy siendo.

Esta en una invitación a observar y descubrir cómo funciona Saturno en nosotros, nuestro Dios Senex interno o lo que Freud llamó superyó.

A concebir la unión del principio masculino y femenino a través del tiempo único y múltiple que es ahora mismo, sensibilizándonos a que este día y esta hora en particular, contiene un espectro infinito de cualidades y posibilidades que piden manifestarse. Utilizar la fuerza arquetípica de Saturno para la manifestación personal y cósmica, cuando lo real se acepta como lo que verdaderamente se desea, conscientemente o no.

 

soledaddavies.com

Moore explica por qué estos son los 5 magos y ocultistas más relevantes de la historia

Alan Moore es el gran mago de la cultura popular moderna, en un mundo en el cual las grandes operaciones mágicas (de brujería masiva) han pasado al reino del cine y la publicidad. Recientemente Moore enlistó su top 5 de magos y místicos de la historia para The Confidentials de Liverpool. La lista es interesante, aunque sin duda refleja un profundo sesgo a favor de la magia de la isla británica.

 

1. Alejandro de Abonutico (105-170)

Este gnóstico y taumaturgo griego del mar Negro es rescatado por Moore, quizás porque es una especie de caballo negro de la magia. Alejandro fue considerado un falso profeta, un charlatán y hasta un pedófilo por su rival Luciano de Samósata. Moore nos dice que pese a lo oscuro de esta figura, lo más probable es que era un pitagórico que practicaba, como más tarde Jámblico, la animación de las estatuas. Esta meditación consistía en contemplar una estatua o una imagen de una deidad hasta que se le implantaba al objeto la esencia de la deidad, lo cual permitía un estado de comunión mística (curiosamente, esto tiene un claro parangón con las meditaciones del budismo tántrico). Alejandro parece haber sido un innovador de la magia, incorporando la ventriloquia y la habilidades escénicas para crear sus propios misterios iniciáticos ("los cuales debieron haber sido precursores de los modernos festivales musicales"). Así logró producir al dios-serpiente Glycon: "una teología HD en la que la imagen era capaz de moverse y responder", dice Moore.

Alejandro de Abonutico logró instaurar el culto de esta deidad durante 150 años, algo que le genera muchos puntos en la mente de Moore.

 

2. Dr. John Dee (1527-1609)  

De Dee, la figura en la que parece haberse  inspirado Shakespeare para su Próspero y Marlowe para su Fausto, Moore nos dice que fue el primer agente 007. Moore mantiene que Dee "fue el más creativo e influyente practicante de magia que jamás ha existido". Consejero y astrólogo de la reina Isabel I, Dee acuñó el término "imperio britanico", escribió el libro de navegación en el cual se basó la potencia marítima de Gran Bretaña y fue instrumental en el plan de colonizar América.

Dee trabajó junto con Edward Kelly en una comunicación con una especie de ángeles, los cuales les revelaron su propio lenguaje (el enoquiano) y les otorgaron enigmáticas claves para controlar espíritus. Curiosamente, algunos expertos mantienen que Kelly era quien estaba verdaderamente iluminado.

 

3. William Blake (1757-1827)

Moore tiene una profunda conexión con Blake y lo llama "el creador cósmico" que se basó en su propio dictum: "Debo crear mi propio sistema o seré esclavizado por el de otro hombre". Blake fue un pionero y vio en la industrialización a "los molinos satánicos", la mentalidad mecánica que acabaría con la divina imaginación. Moore rescata este aspecto de Blake, quien más allá de sus visiones místicas, de cifrar en sus poemas una visión fractal del cosmos, fue "radical políticamente", y un santo que "no podía tolerar la crueldad a los animales o a las personas".

 

4. Aleister Crowley (1875-1947)  

De Crowley, Moore comenta que es "el más maligno de los villanos de la pantomima". Moore dice que le hubiera gustado evitar a Crowley en la lista, pero siendo honesto es imposible: "Su experiencia práctica en la magia es obviamente vasta, y su explicación de ella es usualmente tan accesible y lúcida como cualquiera podría concebir". Moore elogia el Tarot de Thoth, que Crowley creó junto con Lady Frieda Harris y es, en su opinión, el mejor. Como también sugirió Manly P. Hall, Moore señala que Crowley pudo haber sido realmente alguien magnífico en el ocultismo (y como poeta) si no hubiera mantenido su farsa satánica, todo su show de ser el hombre más maligno del mundo. Al parecer Crowley nunca superó el deseo adolescente de llamar la atención. Para los neutrales, al menos esto produjo una gran cantidad de entretenimiento.

 

5. Austin Osman Spare (1886-1956)

Osman Spare fue contemporáneo de Crowley --se encontraron en alguna ocasión, pero Spare desdeñó los intentos de seducción de la Bestia. Moore sugiere que Austin Spare es el único verdadero sucesor de Blake, y es que además de sus operaciones mágicas, Spare fue un gran pintor e incluso desarrolló técnicas para servirse del inconsciente como un vehículo de creatividad, prefigurando a los surrealistas. Fue "un santo salvaje de Londres".  

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