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Se puede saber si una persona está deprimida por el uso de estas palabras

Salud

Por: pijamasurf - 02/09/2018

Más que palabras que denotan emociones negativas, las personas que utilizan mucho pronombres en primera persona o términos absolutos suelen estar deprimidas

La depresión en algunos casos permea todo los ámbitos de la existencia de una persona, incluyendo el lenguaje que usa. Un nuevo estudio publicado en Clinical Psychological Science sugiere que las personas deprimidas usan más cierto tipo de palabras y que incluso se puede hacer un análisis lingüístico para predecir si un individuo está deprimido.

No es sorpresa que las personas deprimidas utilicen más palabras que describen emociones negativas, como pueden ser "soledad", "tristeza" "miseria". Lo notable es su uso de pronombres en primera persona como "yo", "mío", "mí" y significativamente menos pronombres en segunda o tercera persona como "ellos", "ustedes" "ella", etcétera. 

Los investigadores creen que esto indica que los individuos deprimidos están enfocados en sí mismos, incluso ensimismados u obsesionados con su propio pensamiento y condición, y por lo tanto, menos conectados con los demás. Estos pronombres, de hecho, son más precisos para predecir la depresión de una persona que las palabras que señalan emociones negativas. Existen estudios que correlacionan el rumiar, los pensamientos obsesivos o en círculos, generalmente sobre los propios problemas, con la depresión. Sin embargo, no se sabe del todo si la depresión causa que las personas se enfoquen en sí mismas o si quienes se enfocan en sí mismos se deprimen por esto.

Aún más preciso para predecir la depresión que los pronombres, según la investigación, es el uso de palabras de carácter absoluto como "siempre", "nada"" "totalmente"; las personas deprimidas usan más estas palabras, que indican una visión blanco o negro del mundo.

¿Qué tan probable es que acoses sexualmente a alguien? Tu forma de actuar en estos 4 escenarios lo revela

Salud

Por: pijamasurf - 02/09/2018

Este test diseñado por John Pryor, psicólogo estadounidense, ofrece un diagnóstico sencillo sobre el riesgo de que una persona acose sexualmente a otra

En 1987, John Pryor, psicólogo adscrito la Universidad Estatal de Illinois, en Estados Unidos, diseñó un test que contribuyera en sus investigaciones sobre la sexualidad humana y, particularmente, a la respuesta de una pregunta puntual: ¿por qué sólo ciertos hombres incurren en el acoso sexual a una mujer?

La cuestión, como vemos, no es sencilla, pero por otro lado ahora, 30 años después de la elaboración de esa herramienta, sigue sin tener una respuesta clara pues este fenómeno, además, está relacionado con un problema social todavía vigente. Hoy, 30 años después del test de Pryor, el acoso sexual sigue siendo una prácticamente lamentablemente común, si bien una diferencia importante es que en especial en los últimos años parece descorrerse el velo que censuraba el problema.

Este breve cuestionario permite llegar a un diagnóstico simple: ¿qué tan probable es que por tus conductas y las circunstancias de tu vida acoses sexualmente a otra persona? De inicio, Pryor lo diseñó para el acoso de hombres hacia mujeres, pero puede ser contestado por personas de cualquier género y orientación sexual. 

Toma lápiz y papel y responde tan sinceramente como puedas. Nadie más que tú va a saber lo que escribas en la hoja.

 

TEST

ESCENARIO 1

Eres el director de una cadena local de televisión. Recientemente, la presentadora del noticiero de la noche renunció, por lo cual tienes que encontrar a su reemplazo. 

Por política personal y profesional, siempre que se presenta una vacante de este tipo has ascendido a otros periodistas que trabajan ya en la cadena. En esta ocasión, entre las personas que podrían ocupar el puesto de la conductora se encuentran varias reporteras: todas mujeres, todas jóvenes, todas atractivas físicamente y en general aptas para el trabajo… pero sólo una de ellas te parece especialmente atractiva…

En una escala de 1 a 5, donde 1 es nada probable y 5 es totalmente factible, tú:

a) La eliges a ella para cubrir la vacante.

b) Sientes que por ser director nadie puede sancionar tus acciones, así que le propones algún tipo de intercambio sexual como condición para ascenderla.

c) Le propones cenar juntos para discutir su posible ascenso.


ESCENARIO 2

Eres director de cine y asistes a las audiciones para un papel menor en tu próxima película. Entre las personas que han acudido para hacer la prueba ves a una mujer a quien encuentras especialmente atractiva. 

En una escala de 1 a 5, donde 1 es nada probable y 5 es totalmente factible, tú:

a) Eliges a esa actriz para el papel.

b) Elegirías a la actriz que acepte tener una relación sexual contigo, no importa quién sea.

c) Le propondrías a la actriz que te pareció atractiva cenar juntos para discutir su inclusión en la película.


ESCENARIO 3

Eres un directivo importante en una gran empresa. Tienes 42 años, un sueldo por encima del promedio de otras personas en cargos semejantes al tuyo e incluso ofertas de trabajo de otras compañías.

Un día, la secretaria que te asiste renuncia y tienes que encontrar quien la reemplace. Del departamento de recursos humanos recibes varias propuestas, en todos los casos de personas calificadas para el trabajo.

A una de las entrevistas acude una joven de 23 años que desde el primer momento en que la ves te parece muy atractiva. A lo largo de la entrevista, además, crees ver “señales” de que a ella también le gustas. Casi para terminar, ella dice que ha pasado 1 mes sin empleo y que necesita desesperadamente el trabajo…

En una escala de 1 a 5, donde 1 es nada probable y 5 es totalmente factible, tú:

a) La eliges para el trabajo.

b) Te sientes seguro de tu posición dentro de la empresa, así que le propones algún tipo de intercambio sexual como condición para obtener el trabajo.

c) Le propones cenar juntos para discutir su posible contratación.


ESCENARIO 4

Eres el dueño de un restaurante de lujo y costoso. Un día, al revisar los recibos, te das cuenta de que una de las meseras se equivocó con varios clientes y todos pagaron mucho menos de lo que consumieron, sumando en total una pérdida importante para las ventas de esa noche.

Al hablar con otros empleados, descubres que los clientes en quienes ocurrió este error son amigos de la mesera, a quien ipso facto decides llamar a tu oficina para discutir el problema. A solas, ella te confiesa que intencionalmente cobró de menos a sus amigos. También te promete que no volverá a suceder y te dice que hará lo que sea para conservar su trabajo, porque lo necesita. 

Esa mesera en particular siempre te ha parecido especialmente atractiva…

En una escala de 1 a 5, donde 1 es nada probable y 5 es totalmente factible, tú:

a) Le permites seguir en el restaurante.

b) Le propones algún tipo de intercambio sexual como condición para conservar el empleo.

c) Le propones cenar juntos para discutir su situación.


CÓMO INTERPRETAR LOS RESULTADOS

En este test, las respuestas que importan son las que diste a la segunda pregunta de cada escenario. 

Si el total de las respuestas de la segunda pregunta es al menos 8, el riesgo de que acoses sexualmente a otra persona en un ambiente de trabajo es alto. 

Es probable que en tu personalidad y las circunstancias de tu vida cotidiana tengas poca empatía hacia otras personas, creas firmemente en los roles de género asignados socialmente y además seas autoritario en tus relaciones con otras personas. 

Asimismo, hay una posibilidad de que te desenvuelvas en un ambiente en que sientas que tienes permitido acosar sexualmente a alguien, que nada ni nadie pueden sancionarte si incurres en un acoso y quizá incluso esas mismas condiciones te hagan pensar que puedes actuar sin temor a las consecuencias de tus acciones.


QUÉ HACER

El acoso sexual es un tema sobre el que se ha hablado y escrito mucho y sin duda queda aún mucho por decirse, pero en lo esencial, en la práctica, no hacen falta muchas palabras para darse cuenta de que no está bien forzar sexualmente a una persona, sea por medio de la violencia física explícita, aprovechando una posición socialmente superior o por medio de la coerción o el condicionamiento. Esta es una conducta reprobable desde casi cualquier perspectiva que se le mire: desde un punto de vista jurídico, ético e incluso moral. 

Si pueden llegar a encontrarse atenuantes o condiciones de permisividad, en buena medida es porque la cultura actual es el resultado de una dominación persistente del género masculino, que en cierta forma ha creado un mundo apto para sí mismo. No intencionalmente, sino como efecto de todo un proceso histórico amplio, complejo. Lo cual tampoco es una justificación, pero de entrada debe entenderse eso: este es un mundo construido por los hombres para los hombres. Las mujeres, en esta cultura, han tenido en términos generales un papel secundario dentro de la historia o, podría decirse también, una relación instrumental con el mundo de los hombres: para vivir en éste, han tenido que seguir sus reglas. 

El acoso (y la permisividad que con cierta frecuencia lo acompaña) es expresión de esa predominancia de lo masculino. El hombre acosa porque siente que puede hacerlo y en ocasiones también porque siente que debe hacerlo. Los hombres, en este sentido, no están exentos de esa dominación, pero la diferencia es que para un hombre ésta casi siempre se presenta como el imperativo de asumir la máscara de la masculinidad o defraudar en el intento, pero para las mujeres las consecuencias suelen ser más drásticas. 

Visto así, el problema no es sencillo, pues como dijimos, toca procesos culturales, sociales e históricos que se remontan quizá incluso al origen mismo de la humanidad. Y no es fácil desenredar esa madeja. 

Pero algo es claro: acosar no es una opción viable para entablar un encuentro sexual con otra persona. No es un acto que contribuya a hacer mejores sociedades ni mejores personas, y más allá de todas las sanciones que el acto puede acarrear, esa sola razón debería ser suficiente para detener a alguien que piensa hacerlo. El ser humano se ha hecho suficiente daño a lo largo de su historia, ¿por qué contribuir con esa cadena de dolor y sufrimiento.

Si te interesa cambiar, encuentra las vías para hacerlo. Puedes comenzar por sensibilizarte a la problemática, preguntarte qué de tus actos e ideas expresa esa inclinación a aprovecharte de los demás. Si es posible, puedes reflexionar sobre tus motivos para actuar así. También puedes probar acercarte a un especialista de la salud mental –terapeutas, psicólogos o psicoanalistas– y comenzar a elaborar junto con otro (pero desde tu responsabilidad) la posibilidad de desmontar el imperativo del acoso en tu vida.

 

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